jueves, 19 de junio de 2014

"Te abracé en la noche" (Viajes del duelo)



Pienso en la última noche que vi a mi Viejo...
Luego, mi mente se va unos días más atrás recordando una mirada suya dirigida al enfermero que lo acomodaba en la cama… Algo especial ocurrió entre ellos sin mediar palabras: los ojos de mi viejo -más verdes que nunca- fueron de repente un derroche de ternura y agradecimiento, y sentí que algo en el corazón del enfermero explotaba al unísono con el mío. Pasé la noche ahí como otras veces y me fui a primera hora de la mañana. Volví tarde, para comenzar a despedirlo... En el interludio, una diálisis tardía lo reventó por dentro… Ya estaba cansado, pobre viejo.
Vuelvo unas semanas más atrás, cuando todo empezaba para mí...
Estábamos en Neuquén,  Es claro que él sabía que todo había empezado mucho antes. Había alguien más en el horario de visita y él le decía delante mío que un día "tenía que charlar con la negra" (= así me decía) pero que necesitábamos mucho tiempo, que necesitábamos una charla muy larga. Obvio que no llegamos a tenerla. No se me ocurrió preguntarle después porque no quería que piense en mi sino en él; era el momento de pensar para adelante, de ponerle buena onda. “Las cosas pasan por alguna razón” le dije después en Buenos Aires.
Hoy me enfrento al afán inútil de saber de qué se trataba la famosa charla. ¿Pensaba decirme que pare la pelota?¿Que piense mejor de mí y para mí, pero que no piense tanto? Y es que yo creía que todo estaba tan mal y realmente todo venía siendo un dominó de pequeñas crisis. Yo seguía jugando, egocentrada, poniendo fichas con cada vez menos jugadores… Cuidarlo me devolvió realidad y me hizo madurar lo que hubiera madurado en 100 años. Agradezco haber podido acompañarlo.
Y vuelvo a la última noche...Y paso directo al último día.
 Viajo mentalmente a esas horas antes de las 11:30 am; cuando junto a mis hermanos le decíamos entre abrazos, besos y caricias todo lo que él ya sabía: lo amábamos y su sonrisa era la prueba de que podía sentir todo aquello. ¿Qué otra cosa hubiera querido mi viejo? Creo que nada.
Él, que creció en un pequeño paraje de la provincia del Chubut y decía de sí mismo que era "sólo un pobre maestrito de campo”, iba a desaparecer luego donde descansaban Cadícamo, Manzi, los De Caro, Ada Falcón y Canaro,  Celedonio Flores, “Pichuco” y Pugliese, su preferido... ¡Eso si que no te lo hubieses imaginado, viejo!
Te abracé en la noche.
Más no hubiera podido pedir.
O quizás sí... Un poco más de horas de charla y de minutos eternos. Y tus miradas llenas de un "no se qué" que siempre hacen falta.


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