jueves, 21 de enero de 2016

Quiroga


En Silver City solemos ir los domingos a una feria para comprar las frutas y verduras de la semana. Este domingo iba yo muy pancha, comiendo las cerezas que me había regalado el vendedor de frutas, cuando, de repente, veo... ¡enanos de jardín!
Por supuesto me acerqué... con sonrisa infantil y ternura de tía. Resulta que eran mini-enanos de jardín. Primero me gustó uno que estaba tirado panza arriba, de aspecto dionísiaco y payasesco.
Miré más y... ¡Zás!  Ya está. Me enamoré.  Me enamoré de este viejito lector de barbas blancas.
Se llama Quiroga.
Lee.
Vive en mi patio.